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Mostrando entradas de mayo, 2025

Conatos

Ensayé ante el espejo cada intento, planeé con rigor cada detalle, una veces veloz y otras más lento, eludiendo la opción de que algo falle. Practiqué ensortijando cada frase, estudié de memoria el plan previsto, mi obsesión fue cumplir fase por fase hasta ver que ya todo estaba listo. Ultimé las palabras a conciencia, rescaté de mi mente cada paso, disipé mis temores con solvencia no dejando ni un ápice al fracaso. Una vez pergeñado ya el terreno sin ningún cabo suelto en la cadena, orgulloso, le di el visto bueno y le dije a mi ego: enhorabuena. Cuando al fin decidí dar el gran salto, repetí otra vez todo el proceso y al mirarte en aquel momento exacto, olvidé cómo se te pide un beso.

A las 12

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 Esta noche vence el plazo: cuando el reloj dé las doce, cumple años un flechazo desgastado por el roce. Sin fuegos artificiales, con cartel de amor en venta; los doce ya no son pares, septiembre ya no calienta. Como apuntes de instituto subrayados con la tinta de plumas que guardan luto por la página ya extinta, hoy evoco aquel final. Y ya ves, de vez en cuando el mismo águila real que voló testificando con su visión cenital, me sigue sobrevolando.

Olas

Con lo acordes de Lennon, la noche se hizo la loca cuando el último gin lemon pasamos de boca en boca. Borrachos como dos necios, alquilamos nuestras almas sin tasar antes sus precios y, al soltarnos del trapecio que sostenía las ganas de nuestros desnudos cuerpos, nos saltaron las alarmas que el mar mandaba en reflejos. Volamos como gaviotas desde el Trinquete al Mesana y del Mesana al Trinquete, y salpicando sus gotas, alguna ola lejana le dijo a Neptuno vete. La luna se durmió sola y se quedó en bancarrota el ancla de la manzana... Y el mar nos hizo la ola.

El jardín de las delicias

 De ti podría decir que tu sonrisa provoca en mis pupilas la lujuria, o que tu pelo al viento le requisa la fuerza cuando bate con su furia. No encuentro más razones que tus pechos para darme un paseo por la delicia. Por mucho que te lea tus derechos, ningún halago a ti te haría justicia. Y no encuentra palabras mi torpeza. Tampoco sé pintarte como El Bosco. Mi inspiración contigo se tropieza. En blanco me quedé, lo reconozco: si existe un adjetivo a tu belleza; lo siento, pero yo no lo conozco.

Es Justo

  No hay en el mundo entero un cura, sabio o notario, ni entrada en el diccionario que testifique un sí quiero sin anillos a la par. O eso pensó María Paz de Malvas Salazar la víspera de aquel día en que se iba a casar. Se desposó en matrimonio y entregó su patrimonio a quien convino esposar: don Justo Ladrón Letal: vividor y caradura que cavó la sepultura de su cónyuge al palmar. Y es que, una vez casados, le dejaba preparado todas las tardes un té a su parienta María. Ella no sabía por qué, pero el caso es que sabía que no le sabía muy bien aquel té que se bebía. Le supo tan raro aquel brebaje que le servía, que no supo bien qué hacer; y entre un té y otro té, un sábado veintiuno, más o menos a las tres, sintió algo inoportuno. Como Justo no venía, hizo el petate y se fue. Entró en la enfermería, en coma, en neumología y en el féretro. Doy fe. Don Justo cerró la historia quedándose con la herencia y le dijo a su conciencia: aquí Paz y después Gloria. Gloria era una vecina de dine...

Lo juro

 Os juro que juro en falso al afirmar que yo niegue reconocer que alguien tiene la razón en cualquier caso. En honor a la verdad, tampoco es cierto del todo, así que de ningún modo desmiento que sea falaz: si la tortilla se gira, todo sería una mentira ¡y quedaría fatal! Tampoco sería extraño que alguien con buen criterio se llevara un desengaño por no parecerle serio, sino más bien un apaño, y quiera enchufarme amperios en la ducha o en el baño. La muerte electrocutado sería un castigo ejemplar; estaría bien empleado si pensara que he abusado de tanta rima mordaz. Dando vueltas al asunto de la razón en cuestión, supongo, intuyo y barrunto que la mejor opinión no es la que cierra el punto final de una discusión, sino aquella que mejor se maneja en el discurso exhibiendo más recurso con argumento y rigor. Quede claro y por escrito que si pensáis diferente, vuestra razón no os la quito, y aquí lo dejo patente: a las pruebas me remito. ¿Existe entonces consenso sin reproches ni corsé?...

Gioconda

 Cuando se esconde el misterio de la Gioconda al mirar, el pintor se pone serio y asume que, a su pesar, no sabe si más le hiere plasmar su sonrisa eterna o salvarla de la interna tristeza que le confiere. El genio, mejor que nadie, conoce el gesto oportuno de esos que solo hay uno para que el lienzo lo irradie. Al arte, mejor dejarlo sin desvelar su entresijo; por eso nada le exijo a un prócer como Leonardo.
FALTAS TÚ Hazme un espacio en tu mente, quiero ponerme a tu altura; seamos dos indecentes sin recato ni mesura. Con dos caricias de más, con cuatro telas de menos, sin más contrato ni ajuar que los besos que nos demos. Y cuando el sol nos declare la guerra abriendo sus puertas, con la luz que nos aclare le ajustaremos las cuentas. Y serás mi desayuno cuando te tome al trasluz del primer rayo oportuno. Ya te espero. Faltas tú.  

Besos robados

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  El día que te conocí decidí hacerme el valiente y resolví hacerle frente al beso que no te di. Era una noche algo fría y se anunciaba un eclipse; tu amiga decidió irse y pensé: esta es la mía. Después de cerrar dos bares nos abrazamos ayunos del calor de nuestros cuerpos, y buscándonos tan tercos, nos fundimos en Neptuno, demostrando a los impares que a veces dos suman uno. Tú te encogiste de hombros y miraste a la pared. Yo no salía de mi asombro y no supe bien qué hacer. Después te apreté en mi pecho y, sin pensar, te besé; tú me leíste mis derechos y, entre ellos, un revés. Yo te clavé mi mirada. Tú la retaste también. Me fui sin decirte nada y sin pagar el café. Como el eclipse avanzaba, por suerte, disimulé mi cara desencajada y un ojo a la virulé.😘
SONETO ASIMÉTRICO E s mejor que lo leas de abajo-arriba. S i al final me permites el consejo: C omo a quien se le invita a que no siga, R ecitando hacia atrás (reto complejo). I ncitaste, apremiante, a que te escriba T ras la fiel simetría del espejo O stentoso, si no le regateas. A l pagar con belleza el patrocinio L a más guapa denuncia latrocinio R íete tú de la suerte de las feas; E l que ejerce la luna en las mareas. V eo en mí reflejado igual dominio: E ximiéndome así del raciocinio, S i te digo que enredas mis ideas
 ÚLTIMAS VOLUNTADES "No pienso pedir perdón por los besos que he robado ni merezco el paredón, así que échese a un lado" -le contesté al policía aquella noche de marras en plena comisaría. Me liberé de sus garras y me quedé con la parte alícuota de razón que me gané al robarte otro beso de ladrón. Mi abogado defensor se presentó con retraso y pidió la absolución al juez que llevaba el caso, pero aquel lunes fatal no era mi día de suerte y el jurado popular sentenció pena de muerte. Mi última voluntad fue un alarde de derroche: tu cueva de Alí Babá durante mil y una noches.
ENSAYO-ERROR Ese inmaduro momento en el que falta el valor para saltar del asiento y declararse el mayor estúpido que anda suelto entre tu vente y mi yo; contigo y mi circunstancia, con tu mucho y mi escasez, con tu impaciencia y mi ansia, y este indeciso tal vez con tu Ortega, mi Gasset, los nervios, el poco a poco, el juego, la seducción, la incontinencia, el sofoco, el deseo, la atracción, la sangre, la luz, el foco, la copa, el baile, el hervor, el sí, el no, el tampoco, mi marasmo, tu rubor... Y decidido me arengo, aunque con cierto temor, teniendo en cuenta que tengo tan solo un ensayo-error.  
 ¿VIENES? Te busqué en el diccionario de las palabras perdidas, donde montan su escenario las tentaciones prohibidas. Te busqué en las iniciales de las respuestas que espero y, por no dejar señales, borré mis huellas del suelo. Te busqué en el pavimento desnudo de protocolo y fracasé en cada intento. Le pregunté incluso al viento, y me dio plantón Eolo. Te busqué en aquella estrella que parpadea cuando aflora; intenté quedar con ella, y rehusó a última hora. Te busqué en las caracolas que me hablaban en la orilla, pero fue una pesadilla: hablaba conmigo a solas. Letras, sílabas, palabras, frases, conceptos, ideas, intentos de abracadabra, lo creas o no lo creas. Dicen que invirtiendo el orden de la milenaria Roma, repentinamente asoma, sin pretenderlo, su nombre; y resulta un juego ameno de manera parecida si las letras que tú tienes también te las desordeno. Que comience la partida... Y si lo adivinas, ¿vienes?
SONETO: TÚ Y YO Yo no tengo otra piel bajo el pellejo, tú deflagras la mía a sangre fría, yo repito lección de anatomía, tú le sacas chisteras al conejo. Yo te aclaro el axioma más complejo, tú rebates con praxis mi teoría, yo me estoy emancipando de la mía, tú me enmiendas la plana ante el espejo. Yo me baño en tu fe sin salvavidas, tú le envías un apócrifo al creyente, yo me salto la norma en paracaídas. Tú y yo: todo igual y diferente; dos finales sin puntos de partidas y un camino de vuelta que nos miente.
RAZONES No me tengas en cuenta mi sarcasmo, no te asomes al borde del abismo, la venganza jamás tuvo un orgasmo, que el rencor no te lleve al paroxismo. Cuando absuelvas a mi alma de tu cuerpo en el juicio final de los desplantes, aliviada, dirás ya no me acuerdo de los besos que te alquilaba antes. Y tendrás los semáforos en verde para ir de tu cama a otra cualquiera sin peaje en la piel que te recuerde que tu piel fue también mi carretera. La razón no se gana ni se pierde; cada cual lleva una en su cartera.
DESAMOR CORRESPONDIDO Aquel último ademán tras el vano de la puerta de un adiós y poco más: "nos veremos a la vuelta", fue el principio del final, una anunciada agonía, un viaje sin marcha atrás entre tu espalda y la mía. El sol se tapó debajo de su sábana deshecha y la luna se distrajo aquella noche sin fecha. A la mañana siguiente, pasé lista y ya no estabas. Te habías dejado un pendiente; pendiente sigue en mi almohada. Como consta en el juzgado, sin pretenderlo hemos sido piezas de un puzle llamado desamor correspondido.  
APRENDÍ Aprendí a leer sus labios  con sus apuntes de braille y aquellos consejos sabios que me daba en aquel baile. Cuando encendieron las luces se nos cayó el tenderete, y ahí comencé el destete, dejé de gatear y anduve. A veces me di de bruces con el dios del desconsuelo al caerme de una nube de la que pendía su risa; y sin más ropa que el suelo, me levanté de esta guisa: con mocos y sin pañuelo.
IDUS DE MARZO Me agarré a la luna fuerte y de zafé de su abrazo cuando en los idus de marzo mi suerte cambió de suerte. Empeñé mi marioneta y ahora vivo en los altares de la barra de los bares luciendo la camiseta que me regaló un viandante: en su espalda tiene un NUNCA y un AHORA VUELVO delante. Si el futuro no se trunca, y ojalá dure bastante, haré un personaje nuevo con los trocitos sobrantes. No será ya tan longevo, pero sí más caminante.