Gioconda

 Cuando se esconde el misterio

de la Gioconda al mirar,

el pintor se pone serio

y asume que, a su pesar,

no sabe si más le hiere

plasmar su sonrisa eterna

o salvarla de la interna

tristeza que le confiere.


El genio, mejor que nadie,

conoce el gesto oportuno

de esos que solo hay uno

para que el lienzo lo irradie.


Al arte, mejor dejarlo

sin desvelar su entresijo;

por eso nada le exijo

a un prócer como Leonardo.

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