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Mostrando entradas de junio, 2025

Asesino en serie

 Al juez de la pasión le tiembla el pulso, mis ripios de bufón no te hacen gracia y el vino continúa con su discurso de abrir otra botella que no sacia. Tu corazón se enfría a la intemperie, y el mío, entre tanta estratagema, le da cobijo al asesino en serie que busca el corolario a tu teorema. A falta de condenas y de glorias, aburro a mi fantasma cuando pasa contándole de nuevo las memorias de un desamor que su reloj retrasa. Podrás decir que no estuve a la altura, que fuiste presa de algún sabotaje; puedes pensar que todo fue una cura de cínica humildad al abordaje. Te invito a declinar cualquier excusa, acepto una callada por respuesta, admito hasta una réplica confusa que incluya una filípica protesta. Dedícame un espurio ruin libelo, condéname sin juicio ni testigo, ofréceme una cuerda y me flagelo; mas nunca me tendrás como enemigo ni me doblegaré rodilla en suelo.

Faltas tú

Hazme algún hueco en tu mente, quiero ponerme a tu altura, seamos dos indecentes sin recato ni mesura; con dos caricias de más, con cuatro telas de menos, sin más contrato ni ajuar que lo besos que nos demos. Y cuando el sol nos declare la guerra con sus afrentas, con la luz que nos aclare le ajustaremos las cuentas. Y cuando el sol nos avise de que ya llegó su hora, corregiremos la aurora con la almohada en sus narices. Y serás mi desayuno  en mi cama con menú. Sumaremos uno y uno. Ya te espero, faltas tú.

Sin matasellos

La suerte te guiña un ojo. Perderte ya no es pecado. La salsa en la que te mojo me sabe a dulce y salado. La góndola de tu pubis me cambia al azar de rumbo y me pierdo, como Anubis, en tu piélago profundo. Al sueño sin matasellos de mis noches en la lona aún le queda resuello, a pesar de estar en coma. No me daré por vencido, no cejaré en el intento; posiblemente esté herido... cerciórate de que muerto.

Si...

Si yo fuera capaz de hacerte un verso. Si no salieras siempre en mi papeles. Si no llevara en mí tu nombre impreso. Si no fueran las musas tan crueles. Si al menos arrancaras mi desidia. Si vieras con mis lentes de contacto. Si tu perfume no me diera envidia. Si hicieras con mis ganas algún pacto. Si no fueran tan tercas las esperas. Si yo esculpiera flores con el barro. Si no me obsesionaran tus caderas. Si mi valor se hiciera más bizarro. Si acaso yo espantara mis quimeras. Si fueras ese clavo al que me agarro.

Me acojo a sagrado

 En mi lucero del alba dejó de cantar el gallo el día que le cayó un rayo  a la ocasión en su calva. Si me acusan mis rivales por las veces que he pecado, me escondo en las catedrales acogiéndome a sagrado. Por eso sigo en mis trece, no pierdo oportunidad de dar lo que se merece a la cruda realidad. Las verdades que persigo se me escapan de los dedos; a veces, me dicen digo, y otras, me dicen Diego. No consulto las encuestas, nunca escribo por encargo, no llevo medalla a cuestas y no sé para qué valgo. No me excitan los profetas, no invierto el amor en bolsa, no eyaculo en las probetas ni doy perfil de babosa. A nadie le rindo culto, odio la palabra crimen y en la cama soy un bulto... La verdad no tiene himen.

Aristas

 Tengo otros yo en salmuera para los casos extremos. Hoy, puede ser que me muera, y mañana, ya veremos. Entre todas esas caras, la más cara es la de necio, pero si regatearas podríamos convenir precio. A la pose de canalla  le voy ganando terreno, y cuando el rictus me falla le pongo cara de bueno. Pero si algo me despista son los cambios repentinos que van dando en sus aristas las señales del camino.