Asesino en serie
Al juez de la pasión le tiembla el pulso,
mis ripios de bufón no te hacen gracia
y el vino continúa con su discurso
de abrir otra botella que no sacia.
Tu corazón se enfría a la intemperie,
y el mío, entre tanta estratagema,
le da cobijo al asesino en serie
que busca el corolario a tu teorema.
A falta de condenas y de glorias,
aburro a mi fantasma cuando pasa
contándole de nuevo las memorias
de un desamor que su reloj retrasa.
Podrás decir que no estuve a la altura,
que fuiste presa de algún sabotaje;
puedes pensar que todo fue una cura
de cínica humildad al abordaje.
Te invito a declinar cualquier excusa,
acepto una callada por respuesta,
admito hasta una réplica confusa
que incluya una filípica protesta.
Dedícame un espurio ruin libelo,
condéname sin juicio ni testigo,
ofréceme una cuerda y me flagelo;
mas nunca me tendrás como enemigo
ni me doblegaré rodilla en suelo.
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