DESAMOR CORRESPONDIDO
Aquel último ademán
tras el vano de la puerta
de un adiós y poco más:
"nos veremos a la vuelta",
fue el principio del final,
una anunciada agonía,
un viaje sin marcha atrás
entre tu espalda y la mía.
El sol se tapó debajo
de su sábana deshecha
y la luna se distrajo
aquella noche sin fecha.
A la mañana siguiente,
pasé lista y ya no estabas.
Te habías dejado un pendiente;
pendiente sigue en mi almohada.
Como consta en el juzgado,
sin pretenderlo hemos sido
piezas de un puzle llamado
desamor correspondido.
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