ÚLTIMAS VOLUNTADES



"No pienso pedir perdón

por los besos que he robado

ni merezco el paredón,

así que échese a un lado"

-le contesté al policía

aquella noche de marras

en plena comisaría.

Me liberé de sus garras

y me quedé con la parte

alícuota de razón

que me gané al robarte

otro beso de ladrón.

Mi abogado defensor

se presentó con retraso

y pidió la absolución

al juez que llevaba el caso,

pero aquel lunes fatal

no era mi día de suerte

y el jurado popular

sentenció pena de muerte.

Mi última voluntad

fue un alarde de derroche:

tu cueva de Alí Babá

durante mil y una noches.


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