LORENZO Y CATALINA



El sol le dio la vez a Catalina,

tú no echaste de menos a tu ropa,

yo dejé mi recato en la cantina

y la luz apuró su última copa.

Yo le di al instinto rienda suelta,

tú subiste el telón de tus encantos,

nos hicimos las carne vuelta y vuelta

y dejamos en blanco a nuestros santos.

La pasión nos firmó un salvoconducto

por si el sol nos paraba en la aduana;

le dijiste: encantada, tanto gusto...

y la noche siguió por la mañana.




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